jueves, 8 de febrero de 2007

Pensamientos de Nuestro Libertador:

... el que manda debe oír aunque sean las más duras verdades y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que produzcan los errores.

Yo sigo la carrera gloriosa de las armas solo por obtener la gloria que ellas dan; por liberar a mi patria, y por merecer las bendiciones de los pueblos.

Yo quiero vivir libre y morir ciudadano.

Yo no soy Napoleón, ni quiero serlo. Tampoco quiero imitar a César; menos aún a Iturbide. Tales ejemplos me parecen indignos de mi gloria. El título de Libertador es superior a cuantos ha recibido el orgullo humano. Por lo tanto, me es imposible degradarlo.

Yo nunca me retiraré delante de los peligros.

Yo no llevo otro objeto que consagrarme todo al servicio de Venezuela, a la patria de los héroes, que desgraciadamente no es tan feliz como lo deseamos todos.

Yo moriré bien pronto, pero la República de Bolivia quedará viva hasta el fin de los siglos. Rómulo fundó una ciudad, y esta ciudad dio su nombre al imperio. Yo no he fundado ciudad alguna, y, sin embargo, mi nombre lo lleva un estado que tiene en su seno hombres amantes de la libertad, y entrañas de oro y plata.

Yo imploro la confirmación de la Libertad absoluta de los esclavos como imploraría mi vida, y la vida de la República.

Yo contemplo con gozo inefable cuando las sombras de la opresión huyen ante la Libertad.

Yo cifro mi gloria en servir bien y no en mandar; en vencer a mis enemigos y en ceder en todo la palma a mis ciudadanos.

Un soldado feliz no adquiere ningún derecho para mandar a su patria. No es el árbitro de las leyes ni del gobierno; es el defensor de la libertad.

Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción.

Un pacto con un mundo entero viene a ser nulo en la realidad.

Un mal que no se conoce, no se puede jamás curar.

Un magistrado republicano, constituido para esclavo del pueblo, no es otra cosa que una víctima.

Un diplomático, debe ser todo reserva, misterio y doblez.

Un desengaño vale mas que mil ilusiones.

Un crimen en todos los partidos es igualmente odioso y condenable: Hagamos triunfar la justicia y triunfará la libertad.

La disciplina es el alma de la tropa así como el valor; pero aquélla es más conveniente en una batalla general que éste.

La educación de los niños debe ser siempre adecuada a su edad, inclinaciones, genio y temperamento.

La desesperación no escoge los medios que la sacan del peligro.

La corrupción de los pueblos nace la indulgencia de los Tribunales y de la impunidad de los delitos.

La clemencia con el malvado es un castigo del bueno

La condición principal es la celeridad más asombrosa en la ejecución: sin ella no hay victoria.

La bondad es la exclusión de todos los defectos y de todas las maldades.

Intereses que no puedo desatender: los de la patria nativa.

Hay cosas que aunque salgan ciertas no se deben creer sino hasta después de sucedidas.

Hay pocos hombres que sean incorregibles, y como siempre es útil conocerse y saber lo que se puede esperar de sí mismo, yo me creeré feliz cuando la casualidad me presente un amigo que me sirva de espejo.

He combatido por la Libertad que es gloriosa: no mandaré ciertamente para obtener por recompensa el título de tirano, que tantas veces me han prodigado.

He llegado al punto que ni aún la salud de la patria, ni la gloria misma, me hacen la menor impresión, si se oponen a la letra de mi deber.

He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono.

Hemos arado en el mar.